Colonia Industrial: un siglo de historia, identidad y comunidad.

En 2026, la Colonia Industrial celebra 100 años de historia, un siglo en el que sus calles, viviendas, espacios públicos y habitantes han sido protagonistas de la transformación de la Ciudad de México. La colonia representa una memoria urbana construida a lo largo de generaciones: familias que llegaron, crecieron y desarrollaron aquí sus proyectos de vida; comercios, escuelas, parques y espacios de convivencia que dieron identidad al territorio. Celebrar su centenario significa reconocer el valor que la Colonia Industrial brinda a la Ciudad de México a través de su patrimonio arquitectónico-urbanístico y sus dinámicas sociales propias de la vida chilanga.

Para abordar los antecedentes de la Colonia Industrial, te compartimos algunos archivos.

La investigación de María Bustamante Harfush, publicado en 2013 como parte de 16 Ciudades, 16 Delegaciones: Una ciudad, constituye una valiosa mirada a la historia urbana y arquitectónica de la Colonia Industrial. A través de planos, fotografías históricas y el análisis de su origen, traza urbana, vivienda, espacios públicos y patrimonio, la autora muestra cómo esta colonia surgió en 1926 vinculada al proceso de industrialización y a la necesidad de crear nuevos espacios habitacionales para los trabajadores. Más que contar la historia de sus edificios y calles, el libro permite comprender por qué la Colonia Industrial posee una identidad urbana singular: una traza ordenada, parques, glorietas, avenidas arboladas y una arquitectura que ha logrado conservar buena parte de su carácter a lo largo del tiempo.

La traza de la Colonia Industrial constituye uno de sus rasgos urbanos más distintivos. María Bustamante Harfush la describe como una composición de inspiración francesa, en la que las calzadas principales se articulan y rematan en glorietas, parques, una fuente y edificios relevantes, generando una secuencia de perspectivas y espacios públicos que adquieren especial belleza cuando se observan desde el aire. La colonia, asentada sobre un territorio de 112 hectáreas, se organizó mediante una traza ortogonal de 139 manzanas, seis glorietas, tres parques y un mercado, acompañada por avenidas arboladas y una lotificación de dimensiones relativamente pequeñas. Esta organización no fue solamente estética: la cercanía entre los predios, los servicios y los espacios públicos favorecía una escala vecinal y una vida cotidiana más integrada.

Otro material muy interesante para acercarnos a la historia de la Colonia Industrial es el documento Industriales: Trazas de la especulación posrevolucionaria, realizada por Proyector. La propuesta reconstruye el contexto en el que surgieron las nuevas colonias habitacionales vinculadas con la expansión industrial de la Ciudad de México durante las décadas de 1920 y 1930, explorando la relación entre planificación urbana, vivienda, industria, arquitectura y especulación inmobiliaria.

Proyector nace en nuestra colonia en 2019, busca promover la descentralización de la escena cultural fomentando un discurso de integración entre distintas prácticas, temas, intereses, lenguajes y formatos alrededor de la arquitectura, promoviendo el necesario intercambio de ideas entre las diversas zonas de la ciudad y su reconocimiento. www.proyectormx.org

Mirar hacia los 100 años de la Colonia Industrial no debe significar únicamente comprender su pasado. También es una oportunidad para preguntarnos qué colonia queremos para los próximos cien años. Una ciudad saludable se construye cuando sus espacios públicos son accesibles, seguros, verdes y capaces de favorecer la convivencia; cuando caminar, encontrarse con los vecinos, cuidar los árboles, utilizar los parques y participar en las decisiones sobre el territorio forman parte de la vida cotidiana. El centenario puede convertirse así en un punto de partida para renovar el compromiso comunitario con una colonia de relevancia para la Ciudad de México.

Cien años de historia nos recuerdan de dónde venimos; los próximos años de su adaptación a las nuevas realidades urbanas dependerá de nuestra capacidad para construir juntos su destino.

Para celebrar este siglo de historia, estamos preparando un programa de actividades culturales y comunitarias que irá recorriendo distintos espacios de la colonia y sus alrededores. Habrá visitas guiadas, recorridos arquitectónicos a pie, charlas sobre mapas y planos antiguos, conversatorios sobre la historia, la identidad, la vida cotidiana y el desarrollo urbano de la Colonia Industrial. En esta celebración contamos con el apoyo de FundarqMX (www.fundarqmx.org) y Proyector (www.proyectormx.org). El programa es todavía tentativo, así que muy pronto estaremos compartiendo todos los detalles, fechas y lugares para que vecinos y visitantes puedan sumarse a esta importante celebración.

La Colonia Industrial es evidencia para entender la ciudad que nació urbanizada, con servicios urbanos de calidad, caminable, digna, integrada y construida alrededor de las personas.

«No construya Ud. su casa en despoblado. En la Colonia Industrial hay más de mil residencias habitadas y muchas en construcción» Anuncio de la Colonia Industrial, publicado en México al Día, 15 de octubre de 1933. Hemeroteca Nacional de México, UNAM.

La desigualdad peatonal[1]: una deuda pendiente de las ciudades

Aunque caminar es la forma de movilidad más básica y universal, la experiencia cotidiana de millones de personas sigue marcada por obstáculos físicos, omisiones gubernamentales y prácticas culturales que limitan el ejercicio pleno de sus derechos. La investigación propone reconocer la desigualdad peatonal como una forma específica de desigualdad urbana que afecta la manera en que las personas transitan, permanecen y se apropian de la ciudad

Uno de los principales aportes de la tesis es desarrollar el concepto desigualdad peatonal en el centro del debate sociológico y de las políticas urbanas, mostrando que caminar no es solamente una práctica de movilidad, sino también una experiencia atravesada por relaciones de poder, decisiones institucionales y procesos de exclusión territorial. Diversos dictámenes académicos destacan que la investigación amplía la discusión sobre las formas en que la desigualdad se manifiesta en el espacio urbano y aporta elementos relevantes para el diseño de políticas públicas más incluyentes.

La autora identifica tres dimensiones que permiten comprender el concepto desigualdad peatonal. La primera es la dimensión espacial, visible en banquetas deterioradas, barreras físicas, falta de accesibilidad y espacios públicos diseñados sin considerar las necesidades de quienes caminan. La segunda es la dimensión gubernamental, vinculada con la brecha existente entre el reconocimiento legal del derecho a la movilidad y su materialización efectiva mediante políticas públicas, programas e infraestructura. La tercera es la dimensión simbólica, relacionada con las creencias, discursos y relaciones de poder que históricamente han privilegiado al automóvil y responsabilizado a los peatones de los riesgos que enfrentan en la vía pública cotidianamente.

A partir del estudio de la Glorieta de Etiopía[2] en la Ciudad de México, la investigación demuestra que las obras urbanas, aunque necesarias, no son suficientes para eliminar la desigualdad peatonal. Aun en espacios intervenidos para mejorar la caminabilidad, las personas mayores continúan manifestando miedo, sensación de vulnerabilidad y falta de reconocimiento como sujetos de derechos. Esto evidencia que la infraestructura debe acompañarse de cambios institucionales y culturales que promuevan el respeto, la accesibilidad y la seguridad de quienes caminan. Asimismo, el análisis de redes sociales permitió identificar narrativas, conflictos y percepciones que revelan la persistencia de una cultura urbana donde las personas peatones continúan ocupando una posición subordinada frente a otros modos de transporte.

Caminar es un derecho humano

La investigación deja una reflexión fundamental para quienes pensamos y construimos ciudades saludables: la desigualdad peatonal no es un problema individual, sino una expresión de cómo se distribuyen los recursos, las prioridades y el poder en el espacio urbano. Reconocerla es el primer paso para impulsar políticas públicas que coloquen a las personas en el centro de la planeación, fortalezcan la accesibilidad universal y garanticen que el derecho a caminar se ejerza en condiciones de seguridad, dignidad y bienestar.

Entre los principales hallazgos destaca la ausencia de una política pública integral orientada específicamente a garantizar el derecho a la movilidad peatonal. Las personas consultadas señalaron la necesidad de banquetas accesibles, mantenimiento permanente, prioridad peatonal, coordinación interinstitucional, campañas de información, inclusión y cumplimiento efectivo de la normatividad vigente. Estas demandas reflejan una brecha persistente entre las necesidades de la población y la actuación gubernamental.

La investigación concluye que reducir la desigualdad peatonal requiere avanzar hacia una gobernanza peatonal, entendida como la construcción de capacidades compartidas entre gobierno, ciudadanía, academia y organizaciones sociales para diseñar ciudades más accesibles, seguras y humanas. Reconocer a las personas peatones como protagonistas de la vida urbana implica no sólo mejorar la infraestructura, sino también humanizar las ciudades y fortalecer el ejercicio efectivo de sus derechos.

Las ciudades saludables no se construyen únicamente con obras públicas. También requieren instituciones comprometidas, comunidades informadas y una visión urbana que coloque a las personas en el centro de las decisiones. Caminar con seguridad, autonomía y dignidad no debería ser un privilegio, sino una condición básica para ejercer plenamente el derecho a la ciudad.

Los integrantes del jurado coincidieron en señalar que la investigación constituye una aportación original al estudio de la ciudad, al vincular movilidad, desigualdad social y políticas públicas desde una perspectiva crítica e interdisciplinaria. También destacaron su capacidad para proponer nuevas formas de análisis sobre los derechos humanos y la necesidad de construir ciudades más accesibles, equitativas y humanas.

Porque una ciudad saludable no se mide únicamente por la infraestructura que construye, sino por la forma en que permite que todas las personas la caminen, la transformen y la disfruten.


[1] De la investigación (2023) “La desigualdad peatonal y diseño de políticas públicas en la Ciudad de México: análisis de las dimensiones espacial, gubernamental y simbólica en un espacio cotidiano y en redes sociales”, desarrollada por la Dra. Perla Ernestina Castañeda Archundia, Doctorado en Sociología, UAM-A.

[2] Ubicada en la Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México.